
Allí estaba de nuevo, humedeciendo sus labios, sintiéndose con el habla justo en la punta de sus dedos, no sabía realmente que escribir, en su ausencia había descubierto nuevos sentimientos y sensaciones, y por primera vez no quería inundar su rincones de lamentos, ni quería hablar de gente estrellada ni con estrella, solo quería vivir, dejarse llevar y expresar las expectativas por cumplir que se despertaban ante sus ojos. Se acomodó en su silla, sintió que no era la misma, sintió que por fin había crecido, "perdido" su pasado, se sentía como una muñeca hinchable arrastrada irremediablemente por la corriente. Sentía hambre, hambre de cosas nuevas, nuevos pasteles, ricos helados, el sol quemando su piel o la brisa erizando sus brazos. Ya no sentía nudos, solo los minutos o aquellos segundos donde no pensaba, donde el corazón se acelera, donde no existen problemas, ese minuto perfecto, donde existe la nada y el todo. Se había quitado la mochila que doblegaba sus pasos, se estiró , crujió su espalda, miró a su alrededor sorprendida y aún con sus huesos doloridos, no podía dejar de sonreír.