(...)En momentos como este, cuando la nostalgia que anuda mi garganta es lo suficientemente dolorosa como para hacer que mis párpados se humedezcan, suelo preguntarme qué habría pasado si hubiese tenido agallas para seguir mis sueños. Imagino que tendría más tiempo para alzar la vista y maravillarme con el hermosos vuelo de las gaviotas surcando el atardecer. Imagino que notaría, más a menudo, la ausencia de las estrellas en el cielo neoyorquino. Me sentaría bajo la luz del alba para ver el encuentro del horizonte con el sol. Viajaría para dibujar la sombra que refleja el Big Ben cuando el crépusculo cae sobre Londres, y, estando ahí, pasearía a orillas del Támesis mientras leo los sonetos de Shakespeare. Me detendría justo cuando el ocaso envuelve el fimamento y, en medio de ese juego de luces, una sonrisa de satisfacción haría gala en mi rostro porque, sólo entonces, tendría la certeza de que estoy viva...Yo quería ser diferente a lo que soy, pero me di cuenta de que es más facil convertirnos en algo que no deseamos y más fácil vivir si no le pedimos mucho a la vida.
Despertamos más temprano de lo que queremos sin ninguna motivación para levantarnos de la cama, más que el miedo a lo que podría suceder si rompemos la rutina. Así que hacemos un esfuerzo y dejamos que nuestros pies toquen el suelo. Tratamos de convencernos de que es un nuevo día , que todo irá bien.. que, por la noche, nos parecerá ridículo el haber buscado excusas para quedarnos bajo las sábanas.
Intentamos amansar nuestra frustación pensando que, sin importar lo detestable que sea nuestro trabajo, nuestra familia, nuestros amigos, incluso nosotros mismos, siempre habrá alguien mucho más miserable..Como la desdicha ajena nos sirve de consuelo, terminamos dándonos la razón. Ignoramos el vacío que llevamos dentro y ponemos frente a la vida, queriendo aparentando que todo está bien.
Aunque se trate de un engaño, nadie tiene por qué enterarse.
¿Una farsa patética? ¿un engaño cruel? Puede ser, pero es la única manera de que las cosas funcionen: fingiendo que funcionan (...)
(Fragmento del libro "Entre Napoleón y los tulipanes")
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